SINOPSIS

 

Los días de Carlitos narra la historia de un niño que encuentra en rememorar los momentos más significativos de su vida, una forma de perfeccionar la realidad avasallante en que vive; una manera fantástica y divertida de nulificar el abismo existente entre lo recordado y lo sucedido: de risa en risa, pero también de sorpresa en sobresalto, seguimos las aventuras y desventuras de un personaje resabio de memoria de la propia existencia, de la supervivencia. Carlitos nos hará participes de el trato que lleva con su hermano, con su madre, con la niña  que le gusta de la escuela, con sus compañeros de clase, con su maestra, con todas las mujeres del mundo… capaz de tornar en bella y sana locura todas las situaciones perfectibles en su memoria cuando está solo, porque no hay nadie más hacia quien dirigir sus afectos. Tal es la tragedia de Carlitos: es el retrato de un niño que encarna una de las líneas más demoledoras del poeta chiapaneco Jaime Sabines: “los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos”…

Argumento

El día en que salva a las mujeres Carlos tiene solo 11 años de edad y ya va en tercero de secundaria, pero lejos de ser una ventaja esto solo le ocasiona problemas. Sus compañeros lo golpean, le quitan el dinero y el lunch, y lo obligan a realizar sus tareas, pero hoy hacen algo que Carlitos no esta dispuesto a permitir… Los días de Carlitos es el nombre de este espectáculo para toda la familia formado por tres pequeños unipersonales:

  • El día en que casi mueren de risa.

Carlitos y su hermano hacen travesuras. Su madre los descubre, entonces… ella se transforma en un terrible monstruo que los persigue, regaña e incluso golpea para tratar de imponer su voluntad…

  • El día en que Carlitos conoce el amor

Letty es el gran amor de Carlitos. Ella es su amiga y el teme confesar su amor por miedo al rechazo sin embargo, un día, ella le hace una confesión a él que puede cambiar su historia…

  • El día en que salva a las mujeres

Carlos tiene solo 11 años de edad y ya va en tercero de secundaria, pero lejos de ser una ventaja esto solo le ocasiona problemas. Sus compañeros lo golpean, le quitan el dinero y el lunch, y lo obligan a realizar sus tareas, pero hoy hacen algo que Carlitos no esta dispuesto a permitir…

Duración del espectáculo:

 70 minutos

Dirigida a: todo publico

Requerimiento para gira: Transporte, alimentación y hospedaje para dos personas. Cubrir honorarios por función (a tratar dependiendo el espacio y el numero de funciones).

Los días de Carlitos

Son contadas las ocasiones en que uno sale de buenas del teatro… Los días de Carlitos, contra corriente, viene a demostrar con oficio y frescura que las formas más simples de contar una historia son las más contundentes. Viene a recordarnos, sobre todo, que otra manera de generar conciencia, acaso más efectiva, sea mostrar una postura positiva sobre las cosas que nos duelen. Simple, honesta y profundamente sentida, Los días de Carlitos narra la infancia de un niño ignorado y maltratado por sus padres, que sobrelleva de la mejor manera la sorpresiva pérdida de su hermano mayor y que encuentra en rememorar los mejores momentos de su infancia, con nobles tintes fantásticos, una manera de evadir su realidad. Con todo, la obra irradia optimismo de punta a punta. Hace del teatro un refugio, siquiera efímero, del apabullante bombardeo de violencia y pesimismo al que los medios de comunicación –ahora se ha unido el teatro- nos somete día con día.

Adrián Vázquez, una vez más, hace gala de un histrionismo impresionante y de una capacidad, cada vez más depurada, para contar historias. Sin más elementos que una silla y un uniforme escolar que habrá de ponerse a lo largo de la obra, Adrián construye, entre otros espacios cargados de detalles, un salón de clases y su ya muy común alumnado, en el día que “salvaría a todas la mujeres del mundo”. Es incontable la cantidad de personajes que desfilan en esta historia sobre la soledad, la inocencia y la fantasía a toda costa.

Los días de Carlitos es, ante todo, una obra alentadora que se sumará sin duda a las contadas ocasiones en que el teatro nos remueva el corazón para sonreír de veras con ganas.

Alejandro Ricaño. 31 de Julio 2008. Diario de Xalapa.
Xalapa Veracruz

A la caza de Los días de Carlitos

MÁS DE CIEN REPRESENTACIONES EN DISTINTOS TEATROS DE LA REPÚBLICA HAN DADO A SU CREADOR LA LIBERTAD DE PULIR A UN PERSONAJE QUE HA CRECIDO EN LA DEPURACIÓN DE UN LENGUAJE PLENO DE HALLAZGOS

El escenario se llena de gente con la presencia de un solo actor. Carlitos nos habla como adulto de lo que pasó cuando fue niño, sobre un escenario semivacío en el que si acaso una silla, alguna luz y una pequeña mesa, le sirven de apoyo a este hombre de teatro que escribe, actúa y se autodirige hacia la creación de un laberinto de sucesos que nos trasladan al lugar y los momento evocados por un ser humano que se dice exitoso. Los días de Carlitos es un montaje por cazar este año que inicia, en teatros del interior o en la ciudad de México, por la frescura del personaje, el humor y la profundidad con que plantea sucesos cotidianos en la vida de un chico que sin detener su paso, por más grave que sea lo que enfrenta, continúa sin perder la dulzura, la ingenuidad, la capacidad de asimilar y de crecerse a los obstáculos encontrados.

Adrián Vázquez se dirige al público para contarle la historia de su personaje y casi de manera simultánea, con medio giro de su cuerpo y un milimétrico cambio de gesto, hace la voz de la madre, para recrear a su hermano al segundo siguiente, al propio Carlitos niño al poco rato y más tarde a los tres en plena discusión, gritería, berrinche, regaño y pelea entre chicos, hasta el trágico cambio de suerte que es subrayado por una intensa luz roja, un estridente sonar de sirena y un silencio que antecede lo que seguirá en su vida. De golpe el espectador es introducido a la infancia de un Carlitos que ya es hombre y que entra o sale de esa etapa mediante un parpadeo, para continuar con el curso de su historia que sigue sin tropiezo hasta adentrarnos en los temores, las dudas, los sofocos de un joven estudiante que no cesa de padecer a sus compañeros. El autor, actor, director de esta obra, nos arroja al salón de clases, nos hace ver a la maestra mediante una voz ligeramente más aguda y un andar apretado, nos acerca a la niña que le gusta a través de un ademán, una inclinación de cabeza o una palabra, de un certero flashback que nos lleva a esa época en que todo está por descubrirse: el amor, la posibilidad de gustarle a alguien, el rechazo, el abuso, la indolencia, la incapacidad humana. Carlitos viaja a su pasado desde el presente con su cuerpo como vehículo, al que también se adhiere el espectador para llegar al propio y desde ese punto no hay retorno. El actor tiene en su puño a quien lo observa sin perder movimiento, respiro, mirada, quiebre de muñeca ni paso alguno de este personaje que es uno y es muchos, que es el chico desde el adulto y vuelve a ser el niño, al tiempo en que no cesa de ser cada uno de nosotros. La historia de Carlitos es una tragedia cotidiana, un camino empedrado muy transitado y envuelto para el olvido, en el que la imposibilidad de conseguir el aplomo necesario para la sobrevivencia, se transforma en soberbia en versión simpática. De la carcajada a la lágrima viaja el público que ve a más de siete personajes en el cuerpo de este actor descalzo sobre la escena, empapado en sudor y casi sin oxígeno, después de luchar con un compañero invisible pero de acción palpable, con quien el Carlitos se lía a golpes tras haber sido hostigado sin pausa. La impotencia por las humillaciones dentro del aula, el increíble reconocimiento de la pequeñez humana en el personaje de la maestra, lo aterrador que puede ser una madre furiosa, lo insondable del dolor humano, confluyen en las acciones de este actor que encuentra respuesta inmediata a lo que aqueja a su protagonista.

Más de ciento cincuenta representaciones en distintos teatros de la República y cuatro años de escenificar esta obra, han dado a su creador la libertad de enriquecer y pulir a un personaje que ha crecido en la depuración de un lenguaje pleno de hallazgos. La posibilidad de que los personajes que se relacionan con Carlitos proyecten fragmentos de lo que callan, es una virtud más de este actor nacido en Tijuana, residente en Xalapa, que logra lo que muy pocos: crear con verdad una ficción incidental, corta, extensa, trágica, cómica y decisiva o de apariencia intrascendente, a una velocidad centrífuga sin que algo se banalice. Quizá el título de la obra pueda prevenir a un sector de público que intuirá un montaje liviano sobre instantes alegres y juegos infantiles, mientras otro sector tal vez intuya un monólogo mal hecho pleno de baches y acciones inconclusas como sucede con muchos.

Habrá que vencer los prejuicios para asistir a un teatro que exige desnudez emocional al parejo de quien asume a Carlitos sobre escena como un ser humano desprovisto de defensas, en un mundo que te desgarra antes de que puedas generarlas. Pocas veces un espectáculo hace reaccionar al espectador al unísono ante lo que presencia, como sucede con esta puesta en escena, que remueve las costras del tiempo para descubrirnos una pureza que hemos dejado de tener en cuenta.

ALEGRÍA MARTÍNEZ
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